
Pieranunzi “Off the Record”
Por David Romero
Tuve oportunidad de compartir una jornada entera con Enrico Pieranunzi, y alguna interesante e inesperada conversación antes y después del concierto que el pianista italiano ofrecería en el auditorio de la Hospedería Fonseca.
Platea del auditorio, durante el concierto. 22.30 hs.
“Ecco, la adrenalina”
Lo cierto es que no se ha completado el aforo pero es un público considerablemente numeroso si tenemos en cuenta que desde que ha oscurecido ha arreciado la intensidad del frío en Salamanca, y todo el rato ha estado cayendo ese tipo de nieve que es aún lo bastante líquida como para resultar verdaderamente molesta. Además, es un público muy amable y participativo. Aplaude con vigor cada pieza y recibe con simpatía y risas la graciosa torpeza de Enrico en sus intentos con el español. En la primera fila unos amables espectadores le ayudan a traducir, y así va tejiéndose una cercanía muy agradable que parece reducir el tamaño del auditorio.
A la salida, Enrico saluda a los asistentes y firma varios discos. Está contento y mantiene conversaciones relativamente largas con aficionados entusiastas y, por lo que se ve, buenos conocedores. Le llueven los agradecimientos y los halagos. Es difícil creer que Enrico esté cansado ahora: parece pletórico.
“Eso es por la… comme se dice… ¿adrenaline? Ecco, la adrenalina”.
Viernes 4 de marzo. Camino de vuelta al Hotel. 00.15 hs.
“Uno debe convertirse en la música”
“Me siento como después de un viaje. ¿Sabes? Este tipo de conciertos de piano solo es como viajar, como hacer un viaje. Tiene distintas etapas y momentos… a veces estás contento, a veces estás triste, o te preocupas por algo, te asustas, luego disfrutas un rato… y uno termina sintiendo que realmente ha viajado, que está de vuelta de un viaje.
Mientras se está tocando, hay que olvidarse de todo: del pensamiento, del público, del cuerpo y hasta de las manos: uno debe convertirse en la música, ser nada más que la música. Yo consigo eso muy pocas veces: unas tres o cuatro veces durante todo el concierto, y son momentos muy breves. ¡Y para mi eso ya es mucho!, ya me siento afortunado con alcanzar ese estado un par de veces. Es difícil, es un poco frustrante.
A veces en el estudio también ocurre. Uno se olvida de todo y fluye siendo pura música… durante dos o tres minutos. Y luego escuchas el disco y reconoces ese pasaje, ese momento breve en que estuviste en estado de gracia. ¿Hay algún sitio abierto por aquí donde podamos tomar un vino?”.
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